domingo, julio 7

No siento. No me sientan.

Últimamente mis días no tienen poesía. No transformo situaciones en literatura, no estoy bien pero tampoco se me ve quejándome. Podría ser peor, y también podría ser mejor. No quiero ser feliz, a decir verdad... me aterra serlo. Siempre que estuve arriba me bajaron a patadas, ¿para qué subir? 
Mil veces me quejé y dije "quiero sentir algo", pero cuando lo hice todos mis sentimientos fueron arrebatados, despojados de mí, sin culpa y sin asco. A nadie le importó destruirme de manera semejante, nadie se interesó por verme sentir. Pero a la hora de sufrir, mi vida era un show donde yo era la estrella, y mis espectadores eran decenas de hipócritas, decenas de personas que me odian sin siquiera conocerme, decenas de personas que antes me admiraban, o halagaban por interés, toda esa gente a la que decepcioné sin conocer, todos esos anónimos que sufrieron un amor-odio hacia mí, a todos ellos les hablo con mi mayor sinceridad y les digo: me da igual. Nunca me conocieron pero fingieron hacerlo. Ahora me odian por "crímenes" que no cometí, por no ser lo que ellos esperaban que fuera, por no ser ni la mitad de lo que creían que era. Soy una persona común que escribe por odio. Pero también amo, siento, sufro, lloro, río (poco), vivo. Al igual que todos ellos. No me odien por ser yo misma. Ni me quieran por algo que no soy.

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